De esta etapa lo que mas destacó sin la frondosidad del camino y también lo entretenida que es, pasamos por muchas aldeas con típicas casas, animales y bares-albergues para el peregrino. Compramos unas frambuesas en una casa a una lugareña que estaban deliciosas, parecían gominolas.
Nos impactó mucho la entrada a Portomarin con el Miño bañandon sus pies y el acceso al pueblo por unas escaleras y la hermita de la Virgen de las Nieves.
Del albergue nada que destacar, el pueblo tiene varias iglesias preciosas estilo románico y una calle principal ambientada con bares y albergues de peregrinos, de momento nos conocemos casi todos, muchos llevan lesionados desde varios días y casi todos ( me incluyo) con agujetas o molestias en rodillas y aductores .
Pero todos queremos seguir y hay que seguir que todo tiene su final y su recompensa.
Hasta mañana.

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